
Artículo publicado en www.culturaeco.com
Hace ya más de 10 años tuve la oportunidad de viajar al Paraguay, lugar de donde es originaria una hermosa canción que escuchaba desde pequeña donde hablaban del “lago azul de Ypacaraí”। Cual sería mi sorpresa al conocer el otrora hermoso lago, contaminado ahora por algas tóxicas, representando un peligro para quienes se atreven a tomar o pescar en sus aguas. El lago tiene una tonalidad verdosa o chocolatosa dependiendo la época del año y en el fondo hay una especie de fango o lodo negro pegajoso que emana incluso un desagradable olor.
Tras ese viaje me sentí orgullosa de ser panameña porque pensaba que en mi país nunca seríamos capaces de agotar o destruir nuestros recursos naturales, pero lamentablemente me equivoqué.
En Panamá, al igual que en la mayoría de países se ha cambiado el sonido ambiente del canto de hermosas aves y pájaros de cientos de especies, por el ruido de camiones, concreteras, yacamas y otros equipos de construcción, todo bajo la premisa de un desarrollo económico que ya nos ha costado buena parte de nuestras playas, costas, manglares y entorno natural.
Lo más preocupante es que quienes deberían dar seguimiento a las políticas de protección ambiental, son a la vez dueños o socios de empresas que lucran con el agotamiento de nuestros recursos naturales y quienes se enriquecen con la contaminación material, auditiva y visual de nuestras ciudades.
Todos vemos el futuro como algo lejano, pero basta comparar la extensión de áreas verdes que teníamos en la década del 80, con las que aún existen y veremos que lo que entonces se veía como el futuro lejano es nuestro hoy. ¿Cómo saber si el 2070 será mejor o peor?
La realidad es solo una, desperdiciamos, malgastamos y abusamos de aquellas cosas que nos dan vida: aire, agua, tierra, fauna y flora ¿por qué?, porque pensamos que el futuro será problema de otros, porque la tecnología nos distrae y nos sumerge en una realidad distinta.
No sería difícil imaginar que en poco tiempo eso que hoy creemos eterno, desaparezca. Yo no me atrevería a explicárselo a mis hijos ¿y tú?...

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